Cerca del 80% de las personas que se someten a cirugías plásticas cosméticas presentan un trastorno dismórfico corporal, una condición caracterizada por una preocupación excesiva por defectos físicos que suelen pasar desapercibidos para otros, según Mariblanca Ramos Rocha, profesora de la Facultad de Medicina de la UNAM. Durante la conferencia “Los dilemas éticos en la cirugía plástica estética”, organizada por el Programa Universitario de Bioética, la experta señaló que imperfecciones como arrugas, acné, cicatrices o asimetrías faciales son algunas de las principales inquietudes de estos pacientes.
Ramos Rocha explicó que este trastorno está frecuentemente asociado con problemas psicológicos, como depresión (en 12 a 46% de los casos) y trastornos de personalidad, incluyendo el limítrofe, paranoide, evitativo, obsesivo y dependiente. Por ello, destacó la importancia de que los cirujanos evalúen las motivaciones de los pacientes desde la primera consulta, identificando si el procedimiento busca aliviar un sufrimiento psicológico o si responde a presiones externas, como las redes sociales o patrones culturales. La especialista subrayó que, en casos de trastorno dismórfico severo, las expectativas de los pacientes suelen ser desproporcionadas, lo que puede complicar los resultados.
Además, la académica enfatizó la responsabilidad de los cirujanos de ofrecer asistencia de calidad y transparentar los riesgos de las intervenciones. En el marco de la Cátedra Extraordinaria de Bioética, que se extenderá hasta el 18 de noviembre, Ramos Rocha señaló que la búsqueda de cambios estéticos no solo responde a deseos personales, sino también a influencias culturales, como la “occidentalización” de rasgos en países asiáticos. Este fenómeno, añadió, refleja cómo los estándares de belleza impactan la calidad de vida y las decisiones de las personas, especialmente en contextos donde la presión social y los problemas de salud mental se entrelazan.
