Estados Unidos ejecutó un ataque aéreo contra tres instalaciones nucleares iraníes, Fordó, Natanz e Isfahán, en la operación “Martillo de Medianoche”, que dejó el programa nuclear de Irán severamente dañado, según afirmó el secretario de Defensa, Pete Hegseth. Siete bombarderos B-2 lanzaron bombas antibúnker GBU-57, marcando su primer uso en combate, y destruyeron infraestructura crítica, retrasando el desarrollo nuclear iraní por años, señaló el vicepresidente JD Vance. El presidente Donald Trump destacó que la acción busca forzar a Teherán a negociar un acuerdo diplomático.
Irán confirmó los ataques, pero minimizó los daños, asegurando que las instalaciones fueron evacuadas previamente y que su industria nuclear continuará, según la Organización de Energía Atómica de Irán. Medios estatales reportaron explosiones en las tres plantas, con Fordó sufriendo daños en túneles, aunque Teherán insiste en que no hubo impacto significativo. El general Esmaeil Kousari anunció que el Parlamento iraní aprobó cerrar el estrecho de Ormuz en represalia, decisión pendiente de la aprobación del líder supremo, Alí Jamenei.
Trump, quien coordinó la operación con Israel, según confirmó junto al primer ministro Benjamin Netanyahu, instó a Irán a aceptar un acuerdo para evitar futuros ataques. La comunidad internacional reaccionó dividida: la OTAN justificó la acción, mientras Chile, Colombia y Cuba la condenaron, argumentando violaciones al derecho internacional. La OIEA convocó una reunión de emergencia para evaluar los daños, aún no cuantificados completamente, en las instalaciones nucleares iraníes.
