Un equipo de científicos descubrió que una enzima vinculada al ácido retinoico, componente común en cremas y sueros faciales, desempeña un papel crucial en la regeneración de extremidades del ajolote, un anfibio mexicano conocido por sus capacidades regenerativas únicas.
La investigación, liderada por James Monaghan del Instituto de Imágenes Químicas de Sistemas Vivos de la Universidad Northeastern, identifica la señalización del ácido retinoico como un mecanismo manipulable con fármacos para inducir regeneración celular tras lesiones. Este hallazgo abre la posibilidad de aplicar estos conocimientos en la medicina humana para mejorar la curación de tejidos.
El estudio, publicado en la revista Developmental Cell, detalla cómo los ajolotes regeneran extremidades completas, incluyendo huesos, músculos y nervios, sin formar cicatrices. A diferencia de los humanos, que cierran heridas con tejido cicatricial, los ajolotes activan genes que revierten las células a un estado primitivo, permitiendo la reconstrucción de tejidos. Monaghan explicó que los genes responsables de esta capacidad están presentes en humanos, pero su activación puede desencadenar riesgos como el cáncer. La clave, según el científico, radica en manipular estas señales en el momento y lugar precisos para evitar efectos adversos.
Alfredo Cruz, genetista de la Unidad de Genómica Avanzada del Cinvestav en México, colaboró en el estudio y destacó los desafíos de trasladar estos hallazgos a humanos. Aunque la modulación local del ácido retinoico podría influir en la regeneración, los humanos carecen del entorno celular y fisiológico de los ajolotes, lo que complica su aplicación. Cruz, junto con su estudiante Francisco Falcón, contribuyó al análisis de pequeños ARN no codificantes y estudios evolutivos del genoma del ajolote, considerado el más largo secuenciado hasta ahora, con 32 mil millones de pares de bases, diez veces mayor que el humano.
