Por primera vez, China, el mayor emisor mundial de gases de efecto invernadero, registró una disminución del 1.6% en sus emisiones de dióxido de carbono (CO2) durante el primer trimestre de 2025, a pesar de un aumento del 2.5% en la demanda eléctrica. Este logro, reportado por el Centro de Investigación sobre Energía y Aire Limpio (CREA) y publicado por Carbon Brief, se atribuye al rápido crecimiento de la producción de energía eólica y solar, que superó las necesidades energéticas del país.
A diferencia de reducciones pasadas, asociadas a caídas en la demanda durante eventos como los confinamientos por la pandemia, esta disminución está impulsada por la expansión de energías renovables. Según el analista Lauri Myllyvirta, del CREA, la producción de energía limpia crece a un ritmo que excede tanto la demanda actual como las proyecciones a largo plazo, lo que reduce la dependencia de combustibles fósiles. En los últimos 12 meses hasta marzo de 2025, las emisiones también cayeron un 1% en comparación con el mismo periodo del año anterior, consolidando esta tendencia.
Sin embargo, el camino hacia los objetivos climáticos de China enfrenta retos. Aunque el país aspira a alcanzar su pico de emisiones antes de 2030 y la neutralidad de carbono para 2060, el informe señala que está rezagado en su meta de reducir la intensidad de carbono en un 65% respecto a 2005 para 2030. Además, el carbón sigue siendo un pilar en su matriz energética, lo que plantea desafíos para una transición más acelerada.
A medida que China continúa invirtiendo en infraestructura renovable, que casi duplica la capacidad eólica y solar global, según datos de 2024, esta reducción marca un hito en la lucha contra el cambio climático, aunque persisten obstáculos para cumplir sus compromisos ambientales a largo plazo.

